lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Hasta cuando tenemos que aguantar a Alinco?

Ser Diputado de la República de Chile, merece respeto y dignidad a sí mismo en  su actuar, respeto a la institucionalidad y a sus votantes, respeto a la nación  y a sus  habitantes.
El Diccionario de la Real Academia Española, nos da dos acepciones de la palabra “Honorable”:
1.- adj. Digno de ser honrado y acatado.
2.- adj. Tratamiento que en algunos lugares se da a los titulares de determinados cargos.
Debemos considerar, que todo “Honorable Diputado”, debe saber, observar y actuar de acuerdo al Código de Conductas Parlamentarias, que en unos de sus artículos  señalan:
 -“Todo parlamentario por ser representante de los ciudadanos, quienes lo ven como modelo de conducta, debe esforzarse por actuar, en todos los aspectos de su vida, conforme a las virtudes de un ciudadano ejemplar”.
-“Todo parlamentario debe observar una vida social acorde con el cargo. Desempeñarse frente al público, en la Corporación y fuera de ella, con una conducta correcta, digna y decorosa, evitando actuaciones que puedan afectar la confianza del público en la integridad del Congreso Nacional”.
Po último, por el cargo que él representa, debe actuar con inteligencia y no subestimar a los ciudadanos de este país cuando tienen que escuchar  las  explicaciones absurdas de sus actos que son  de una inmadurez e irresponsabilidad que caen en la tontería para una persona  normal.
El actuar del Diputado René Alinco, es impresentable por donde se le mire y esta reiteración de conductas inadecuada al cargo impuesto por sus electores, es necesario que la Presidencia de la Cámara de Diputados de Chile se comporte de acuerdo a su solemne institucionalidad y dignifique esta basureada política que imponen muchos personajillos como Alinco.
Nuevamente y con pesar de todos, en Chile se ratifica que existen ciudadanos de primera y segunda clase, una segunda clase que nos gustaría terminar con esta estafa y aprovechamiento de muchos.

RSM

Bielsa, un fetiche que necesitabamos.

Aunque no es plantear  el síndrome del nido vacío, que nos deja ante la ida de Marcelo Bielsa y Hardy Mayne-Nicholl, pero en estos tres años que transcurrió  este proceso, trabajando  duramente en búsqueda de  concretar llevar a nuestra selección nacional a un mundial  y con esto hacer participar a todo un país. Sacaron a un Chile centralizado por una economía  individualista, que impone en la sociedad la competencia y el egoísmo.
 Este entrenador rosarino nos lleva al mundo de las emociones y nos hace unirnos como nación, sacando de cada uno el orgullo de ser chileno, sentimiento de patriotismo que se logra cuando los países están en la cercanía de una guerra, en donde podemos  recordar el  discurso  realizado por Benjamín Vicuña Mackenna  para que se unieran al ejercito en defensa de nuestro país en la Guerra del Pacifico encendiendo el patriotismo a muchos que se embarcaron en esta empresa, o la arenga de Arturo Prat en la rada de Iquique que en el fervor de la batalla motiva  a sus marinos a dar  sus vidas por su país, enarbolando su bandera y su valentía en defensa de ella.
Bielsa volvió a encender  el espíritu ganador y nos ayuda a encontrar nuestra nacionalidad y salir al mundo fuertes, sin temor a ningún rival, unidos por un equipo que todo el país  identificaba como sus guerreros, que gracias a la preparación de su entrenador por ser un profesional reconocido  le dio mística, seriedad y logros,  recuperando la confianza en lo nuestro.
Esto es lo que se perdió con la ida de Marcelo Bielsa, con su ida,  Chile ya no será el mismo y no se está refiriendo solamente al futbol, que quedara como una anécdota de cómo el egoísmo y la avaricia de algunos fariseos, lograron terminar con la esperanza  y el futuro del futbol nacional, sino que  esto va mucho más allá de una selección.
Tal vez es un fetiche, pero puede ser que la historia  nos dé la razón.
Debemos  comenzar nuevamente  a  sentirnos todos parte de una comunidad en donde lo mejor de nosotros nos una y nos de una identidad real.
Chile se lo merece.
Adiós, Marcelo Bielsa.