martes, 13 de marzo de 2012

Hasta la frescura se sonroja.

Con la frase “Dios dispuso que yo sea Alcalde”, el designado de La Florida con una suerte de enviado del todopoderoso regala unos cuadernos impreso con dineros de la comuna potenciando su nombre e imagen como futuro candidato alcalde.
Este personaje no deja de llamar la atención al asignarse en mutuo propio, el haber sido tocado por Dios, relatando su vida como estudiante y su compromiso con la educación, como si fuera un personaje bíblico. No obstante, Carter se olvida de cómo fue el proceso extraordinariamente desafortunado por el cual el llego a ser alcalde DESIGNADO, después de la renuncia de Jorge Gajardo (el pelao de los Venegas).
En este caso hay poner mucha atención: la publicidad municipal no puede convertirse en la publicidad del alcalde.
En la comuna de Colina, un alcalde de viento fresco, al publicitar una obra municipal cercana a una elección decía: “Una obra de su alcalde Mario Olavaria”.
Queremos alcaldes con conocimiento de sus cargos, sus derechos y deberes y que estén enterados que al municipio como institución ellos deben respetar, y quién presta los servicios que se publicitan en cumplimiento de sus funciones son la entidad edilicia y no la autoridad que ejerce el cargo de alcalde en forma independiente.
Hacer lo contrario es lo mismo que robar, ya que al hacerlo implica la vulneración a las normas relativas al empleo de recursos del organismo que pertenecen a la comunidad. Beneficios que no deben ni pueden ocuparse en beneficio propio o para fines ajenos a los institucionales.
Los ciudadanos decentes estan  cansados de alcaldes como Carter de la Florida, Olavaria de Colina, Rivera de Hualpén y otros más que es mejor no acordarse.
Procuren mantener mucha atención en estas elecciones que ya empezaron y seguiran  apareciendo estos frescos que ni siquiera se sonrojan.
 Los llamados FR de siempre.